Por qué lo hago todo a mano

Siempre que doy consejos sobre cómo utilizar una u otra función, o hablo de mis pequeños trucos cuando corrijo, suele llegarme algún comentario de «si lo hicieras así sería más rápido». Este «así» hace referencia, normalmente, a funciones automáticas de los programas; funciones que, personalmente, no me gustan, y que la mayoría de las veces dan más dolores de cabeza de los que solucionan. Os pongo algunos ejemplos:

  • Un día, hablando de que había corregido un texto en el que todas las rayas de diálogo iban seguidas de un espacio, el compañero con el que lo comentaba me dijo: ¿por qué no creas una macro en Word y que lo cambie automáticamente?
  • Cuando ofrezco mis servicios de edición de artículos científicos, una de las «excusas» más común para no contratarme (y lo pongo entre comillas porque no creo que nadie deba justificar su decisión de no contar con mis servicios) es la de «pero si Word ya cita automáticamente».
  • Cuando comenté por Twitter que utilizaba el Ctrl + F para localizar los dobles espacios, volvieron a remitirme a las macros de Word.

Mi respuesta, para todo, es la misma: no utilizo esas funciones porque quiero asegurarme de que todo está perfecto y, por desgracia, esas automatizaciones no están lo bastante perfeccionadas en ese sentido. No niego que mi forma de trabajar lleve más tiempo y sea más incómoda (aunque, sinceramente, programar macros puede llegar a ser bastante tedioso), pero me aseguro de que entrego un producto sin erratas. Siguiendo con los ejemplos anteriores, os pongo problemáticas que las supuestas soluciones que me daban no solucionan (valga la redundancia):

  • Si programo una macro para que cada vez que la raya vaya seguida de un espacio me lo omita, estoy creando erratas en los diálogos con incisos que sigan este esquema:
    — Esto es una intervención —inciso— que continúa aquí.
    Sí, la macro me eliminaría el espacio anterior a «Esto», pero también el espacio anterior a «que».
  • Sobre la citación automática de Word, ya escribí una entrada en la que os hablaba de las erratas que cometía con tres sistemas de citas distintos, y también hice una similar con el sistema de citas de Drive.
  • En cuanto a las macros para los dobles espacios, sucede lo mismo que en el primer punto: si en algún lugar es necesario escribir dos espacios seguidos (por temas de formato, por estética…), estaría eliminándolo sin más. Prefiero utilizar la función de «buscar y reemplazar» y supervisar qué elementos se cambian y cuáles no.

Yo siempre seré partidaria de ahorrar tiempo cuando sea posible, pero la experiencia me dice que, a veces, estos pequeños «trucos» para automatizar tareas, en concreto en el ámbito de la corrección, hace que entreguemos textos con nuevos errores creados por nosotros mismos y que localizar más tarde nos llevará más tiempo que hacerlo de forma manual desde el principio.

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Un día normal en la vida de una correctora

Me ha parecido interesante hablaros de mi día a día como correctora, de cómo me organizo el tiempo y de las tareas que conlleva un día normal de trabajo, más allá de las correcciones en sí; así podréis conocerme un poquito mejor, tanto a mí como esta profesión, y mirar un poco detrás de las cámaras.

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